extrañas frutas y Billie Holiday: commodore recordings

La fotografía de arriba corresponde al linchamiento de Thomas Shipp y Abram Smith en 1930, en la simpática localidad de Marion, Indiana (EEUU). Uno más de los miles y miles de linchamientos registrados y documentados a comienzos del siglo XX en la América de Disney y la Coca-Cola. Especialmente en los estados sureños. La vida en el sur carecía de emociones y los linchamientos ocupaban a menudo el lugar del tiovivo, del teatro, de la orquesta sinfónica y de otras diversiones. Miles de personas, incluyendo niños, asistían a unos espectáculos que se anunciaban por todo lo alto y los pastores baptistas metodistas trabajaban codo con codo con los miembros del Ku Klux Klan lanzando soflamas que alimentaban el odio y la violencia racial. La cobertura y merchandaisin que se hacía de aquellos eventos era formidable, las postales con fotografías de las víctimas se vendían a mansalva. Una de las más populares mostraba cinco hombres colgados de un árbol, debidamente apaleados y castrados, con un breve poema moral sobre la lección que enseñaba el árbol de Dogwood. Si te acercabas a cualquier localidad, los parroquianos te llevarían a su saloon o cantina, bien surtido de estos bonitos souvenirs, donde te mostrarían todo ufanos cómo impartían justicia con los menas revoltosos. No serían buenistas pero sí constitucionalistas, un respeto, aquello estaba totalmente permitido por la ley. Aunque seguía vigente el mito de la necesidad de proteger a las mujeres blancas de los hombres negros, el menor signo de lo que se entendía como “ínfulas”, “presunción” o “arribismo” bastaba para provocar un linchamiento: que un negro buscara un trabajo propio de la casta superior, que empleara lenguaje inapropiado o que se pavoneara podían ser motivos suficientes. Incluso los indicios de éxito o prosperidad, como comprarse un coche o que un soldado regresara a casa con una medalla al valor, podían ser intrepretados como muestra de “arrogancia”.

Strange Fruit

Southern trees bear a strange fruit. Blood on the leaves and blood at the root. Black bodies swinging in the southern breeze. Strange fruit hanging from the poplar trees. Pastoral scene of the gallant south. The bulging eyes and the twisted mouth. Scent of magnolias, sweet and fresh. Then the sudden smell of burning flesh. Here is a fruit for the crows to pluck. For the rain to gather, for the wind to suck. For the sun to rot, for the trees to drop. Here is a strange and bitter crop.

Abel Meeropol (con el pseudónimo Lewis Allan) escribió un poema inspirándose en la fotografía de arriba que acabó convirtiéndose en la canción Strange Fruit. Y gracias a Barney Josephson (otro judío que acababa de abrir un local pionero llamado Café Society, lugar donde se podía mezclar el público blanco y negro con dignidad y respeto mutuo) contó con la voz inmortal de la nueva estrella del jazz: Billie Holiday. Aquello era impublicable en un sello como Columbia pero el productor John Hammond puso en contacto a Billie con la pequeñita y humilde discográfica Commodore Records (para que se comiera el posible marrón) y el resto es historia. En el programa de esta noche ponemos todas las canciones que publicó en este sello.

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